La mamá tiene miedo de decirle a su hijo que tiene autismo. Aquí está la razón.

El hijo británico de Jessie Hewitson fue diagnosticado con autismo cuando tenía dos años. Ahora, a los siete, todavía no sabe acerca de su enfermedad. Los padres no han logrado descubrir cómo contarle a su hijo sobre la enfermedad sin dañar su psique, ya que los verdaderos síntomas del niño difieren de los estereotipos aceptados.

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El hijo de Jessie es bastante sociable y estudia bien; es sensible a los demás. La enfermedad del niño se manifiesta solo en la susceptibilidad a los sonidos fuertes y en la necesidad aumentada de orden en el horario de actividades. El niño se siente protegido si la situación es tranquila y todo sigue según el plan trazado.

Según Jessie, su hijo está bien informado sobre el autismo, ya que asiste a un club de teatro con un niño que también lo padece. Pero a diferencia del tranquilo hijo de Jessie, a quien le encanta aprender y teme ser regañado, este niño es difícil de educar y muy impulsivo. Tiene trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Entonces, ¿cómo, en este caso, explicarle al hijo que él y este niño tienen la misma enfermedad?

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La madre consultó a padres de niños autistas, psicólogos y expertos sobre cómo elegir el momento adecuado e informar correctamente al niño sobre la enfermedad.

Los entrevistados estuvieron de acuerdo en que el momento es realmente muy importante, pero Jessie no recibió una respuesta definitiva sobre cómo comunicar el diagnóstico. El consejo más común para comunicar el diagnóstico fue cuando el niño comenzara a hacer preguntas por sí mismo. Entonces todo ocurriría de manera normal y natural.

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Otros creían que no valía la pena hacer un escándalo por esto, sino simplemente contarle al niño sobre su diagnóstico. Uno de los entrevistados argumentó que las personas autistas mismas se sienten diferentes de las personas comunes, por lo que la noticia del diagnóstico solo traerá alivio: explicará sus diferencias.

Pero la madre de una niña de nueve años dijo que su hija se niega a creer en el diagnóstico y, tan pronto como comienza una conversación sobre la enfermedad, ella evita la discusión de todas las maneras posibles. Después de largas conversaciones con diferentes padres, Jessie descubrió que tienen actitudes diferentes sobre este complejo tema. Algunos padres no ocultan sus problemas porque no consideran que el autismo sea algo terrible y vergonzoso, mientras que otros lo ocultan incluso a sus seres más cercanos.

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Jessie dice que solo aquellos cercanos a ella conocen el problema de su hijo. La madre decidió preparar gradualmente al niño para una conversación sincera, ya que el mensaje sobre el diagnóstico debería ayudar al niño a entenderse a sí mismo y aceptar el mundo que lo rodea.

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