Мuchos niños son criados en hogares de acogida, y Petia no es una excepción. Desde su nacimiento, ha estado en tales instituciones.
El orfanato le proporcionó muchas cosas: techo, espacio propio, comida, educación y mucho más. Sin embargo, lo más importante para Petia, el amor y el cuidado de los padres, el orfanato no podía ofrecérselo. Debido a la gran cantidad de niños, los cuidadores no podían brindar atención individualizada y cariño a cada uno.

Aunque Petia no recuerda a sus padres, tenía sueños extraños que se repetían una y otra vez. En cada sueño aparecía una chica con largos cabellos castaños y ojos azules llenos de amor. Estos sueños comenzaron casi desde el momento en que se mudó de la casa infantil al hogar de acogida.
Nadie miraba a Petia con tanto amor como en sus sueños. Cada vez que se despertaba,
sentía nostalgia y tristeza.

Sin embargo, un evento que cambió su vida en el hogar de acogida ocurrió cuando llegaron extraños con regalos para los niños. Todos los niños intentaron llamar la atención de los futuros padres, pero Petia se quedó a un lado. No podía obligarse a sonreír frente a los desconocidos.

Un día, entró en la habitación una chica de sus sueños. No podía creer lo que veían sus ojos. Este encuentro cambió su vida. La chica, llamada Liana, se convirtió en su apoyo y hablaba con él.

Ahora, Liana visitaba a Petia con más frecuencia. Paseaban juntos, conversaban y Liana llevaba deliciosas galletas caseras. Después de varias reuniones, Liana decidió adoptar a Petia. Así encontró su familia, y la madre de sus sueños se convirtió en una realidad.
