Cerca de allí, dos extranjeros estaban hablando sobre algo relacionado con el difunto millonario. Al escuchar atentamente, la doctora se dio cuenta de que estaban hablando de un secreto que el millonario había ocultado cuidadosamente en vida.

Uno de ellos mencionó que la muerte del millonario no había sido un accidente, sino que toda la situación había sido una operación
meticulosamente planificada. Además, discutían cómo se había manipulado su estado para que nadie sospechara de la trampa.

Estas palabras la golpearon como un rayo en un cielo despejado. Todo lo que ella había considerado su culpa resultó ser parte de una intriga malintencionada. Sus errores no fueron el resultado

de incompetencia, sino que ella había sido víctima de un astuto complot. Al escuchar esta conversación, la doctora sintió que recuperaba su determinación. Ahora tenía un objetivo: descubrir la

verdad y restaurar su reputación. A partir de ese momento, su vida recobró sentido y decidió, cueste lo que cueste, encontrar a los responsables y probar su inocencia.
