Trevin, un niño de tres años lleno de curiosidad y ojos brillantes, había estado esperando ansiosamente este momento. Sus padres, Sarah y David, lo habían estado preparando para la llegada de un nuevo hermanito, explicándole que ahora sería un hermano mayor y tendría un papel importante. Le contaron sobre cómo enseñaría a Carson sobre el mundo y sería su mejor amigo.

Mientras el sol se sumergía bajo el horizonte y pintaba el cielo con tonos de naranja y rosa, la familia se reunió en la habitación del bebé, donde la cuna esperaba a su diminuto ocupante. Sarah sostenía a Carson, envuelto en una suave manta azul, y David sostenía la mano de Trevin mientras se acercaban juntos a la cuna.

Los ojos de Trevin se abrieron con asombro al contemplar el pequeño manojo de alegría acurrucado en la cuna. «¿Ese es mi hermanito?» susurró, su voz llena de admiración.

Sarah sonrió cálidamente y asintió. «Sí, Trevin, este es Carson, tu hermanito.»

Trevin dio un paso más cerca, sus dedos pequeños alcanzando para tocar suavemente la diminuta mano de Carson. Carson respondió con un pequeño agarre, como si dijera: «Hola, hermano mayor». El corazón de Trevin se hinchió de amor y orgullo.
