Nadie en el nuevo trabajo de Pamela se dio cuenta de que ya estaba comprometida. La principal razón por la que su compañero de trabajo, Josh, le pidió salir después del trabajo fue porque ella siempre ocultaba su anillo. Pamela estaba lista para contarle su secreto, pero su prometido la sorprendió justo cuando estaba a punto de hacerlo.
Pamela estaba nerviosa y emocionada al mismo tiempo mientras se encontraba afuera del edificio. Promoción: “El Padrino de la IA” gana el Premio Nobel de Física por advertir sobre los peligros de la tecnología. Su nuevo trabajo iba bien, aunque solo había comenzado unas semanas antes. Sin embargo, había una parte de su vida que mantenía en privado: su compromiso. Después de quitarse el anillo de su dedo y colocarlo dentro de su bolso, respiró hondo antes de entrar.
—¡Buenos días, Señorita Rogers! —dijo Peter, el amable guardia de seguridad.
—¡Buenos días, Peter! ¿Recuerdas mi apellido? —preguntó, sonriendo.
—¿Cómo podría olvidarse de alguien como tú? —respondió Peter guiñando el ojo.

Pamela se rió, sintiéndose un poco mejor mientras caminaba hacia el ascensor. Notó la disposición familiar, el suave zumbido de las computadoras y el susurro de papeles mientras se dirigía hacia su escritorio en el piso de su oficina. Pronto se sintió cómoda con todo. Comenzó a trabajar cuando vio a Josh al otro lado de la sala saludándola. Ella respondió al saludo, apreciando el amable gesto.
Más tarde, Josh se movió en su silla mientras Sarah estaba absorta en su pantalla.
—¿Cómo va todo, Pam?
—Todo bien, gracias. Josh, ¿necesitas algo para el trabajo? —preguntó, levantando una ceja, medio esperando otro de sus chistes.
—Obviamente —dijo con una sonrisa ligera—. Para tu incorporación más completa al equipo, necesitamos agendar una “importante reunión”.

Pamela decidió aceptar.
—¿De verdad? ¿Y quién organizó esta reunión para mí?
—Yo —respondió él—. Deberías esperar una invitación al calendario en cualquier momento. Pensé que podríamos cenar en Simon’s, el restaurante justo a la vuelta de la esquina.
Pamela se tapó los labios y se rió. Con un destello de entusiasmo, respondió:
—Está bien, lo veremos después del trabajo.
Él volvió a su escritorio, evidentemente encantado, y dijo:
—Lo tomaré como un sí.
Pamela miró su teléfono mientras estaba afuera del trabajo, la fresca brisa vespertina soplaba sobre su rostro, y se preguntaba si debía ir a casa. Sus pensamientos estaban acelerados mientras su dedo se mantenía sobre la pantalla, lista para confirmar su taxi. Para ese momento, su prometido Chandler estaría en casa, esperando su llegada.
Sin embargo, se había sentido más ligera durante todo el día gracias al comportamiento optimista de Josh y su encanto relajado.
Pero justo cuando estaba a punto de confirmar el viaje, su teléfono vibró. Era un mensaje de Chandler:

—“He estado pensando… Es hora de que sepas la verdad. No quiero que seas la esposa de Josh.”
Pamela quedó helada.
